Wale symbolisieren wie kaum ein anderes Lebewesen die Notwendigkeit und Wichtigkeit, die Ozeane und die marine Biodiversotät zu schützen. Wale sind sogenante “Schirm-Arten” (“umbrella species”) an der Spitze der Nahrungskette, sie sind wesentlicher Bestandteil der marinen Ökosysteme, ihr Lebensraum und die Biodiversität sind essentiell.

Für die Menschen generieren sie Arbeitsplätze, Einkommen und verbessern die Lebensqualität: Sie sind lebend viel mehr Wert als tot und das im mehrfachen Sinn. Der verantwortungsvolle und qualitativ hochwertige Tourismus erwirtschaftet bereits pro Jahr weltweit rund 2 Milliarden Dollar. Da Algen auf ihrem Speisezettel stehen, tragen sie zusätzlich zur Eindämmung der Folgen des Klimawandels bei, der das für Fische und andere Kleinstlebewesen gefährliche Algenwachstum beschleunigt.

Wale schwimmen seit mindestens 15 Millionen Jahren durch die Ozeane. Sie zu jagen ist auch deswegen völlig unethisch.

An zwei Arten im Südatlantik lässt sich ganz besonders gut zeigen, wie wichtig und erfolgreich der Schutz der Wale ist: Der Buckelwal und der Südliche Glattwal. Beide Arten erholen sich gerade von der gnadenlosen Jagd, die sie an den Rand des Aussterbens gebracht hat. Dank der Anstrengungen der Zivilgesellschaft in Zusammenarbeit mit den Regierungen der Region wurden Schutzgebiete in den Gewässern von Brasilien und Uruguay geschaffen, ebenso vor den Küsten Costa Ricas, Panamas, Chiles, der Dominikanischen Republik und Mexikos.  In diesen Schutzzonen können die Mütter in Ruhe ihre Jungen zur Welt bringen und in Sicherheit aufziehen.

Verschiedene wissenschaftliche Studien seit den 90er Jahren zeigen, dass die Bestandszahlen dieser beiden Arten kontinuierlich erhöhen. Der Buckelwal ist die erste Walart, die seit 2014 nicht mehr als “vom Aussterben bedroht” eingestuft wird. Es ist jedoch ironisch, dass es besser ist, diese eigentlich gute aber wenig bekannte Nachricht an die grosse Glocke zu hängen. Denn es gibt Länder und v.a. Investoren, die bereit sind, die Wale wider “nachhaltig zu jagen”, in aller Kurzsichtigkeit und Brutalität des industriellen Zeitalters.

Der Südliche Glattwal hingegen hat sich noch nicht völlig erholt, obwohl es ermutigende Zuwachsraten gibt (ca. 12% pro Jahr) und sein Zwilling, der Grönlandwal, steht überhaupt noch am Rand der Ausrottung, weil die Weibchen in den Gewässern des Nordens keine Ruhezonen für die Geburt und Aufzucht der Jungen finden – Fischfangnetze, Lärm und Verschmutzung der Gewässer sind nur einige der Gefahren.

11 Länder Südamerikas haben sich abgesprochen und koordiniert, um auf der derzeit im brasilianischen Florianópolis stattfindenden 67. Tagung der Internationalen Walfangkommission den Walschutz in Lateinamerika und der Karibik noch weiter zu stärken. Die Position dieser Länder ist klar und kräftig: Die “nachhaltige Jagd” ist keine Option, es gibt weder  “gesunde Wal-Bestände” noch ist eine “wissenschaftliche Jagd” notwendig. Und die Wale sind lebend wesentlich wertvoller, sowohl für die örtliche Wirtschaft als auch für die Gesundheit der Ökosysteme und als Beitrag im Kampf gegen den Klimawandel.

Zusätzlich zu diesen Schutzbemühungen haben die lateinamerikanischen Länder auch die sogenannte “Florianópolis Deklaration” verfasst und bemühen sich, dass diese auf der IWC angenommen wird. Darin wird eine engere Kooperation der Walfangkommission mit internationalen Naturschutzabkommen (wie der Biodiversitäts-Konvention, der Bonner Konvention und der Tourismus-Konvention) gefordert, um die Schutzbemühungen für Wale besser abstimmen zu können, sowie eine Neu-Ausrichtung der IWC weg vom Walfang und hin zur Forcierung der nicht-tödlichen Nutzung der Wale – also dem Wal-Tourismus.


Originaltext in Spanisch:

La conservación de ballenas es la única opción: Valen mucho más vivas que muertas.

Las ballenas han sabido simbolizar para el ser humano, como pocos seres vivientes de la naturaleza, la necesidad e importancia de la conservación de los océanos y la biodiversidad marina. Son especies “paraguas” (umbrella species) debajo de ella están los seres marinos que la sostienen, su hábitat saludable y biodiverso es esencial. Generan oportunidades de trabajo, renta y mejoran la calidad de vida: valen mucho más vivas que muertas en múltiples sentidos. Además del turismo responsable y de alta calidad que genera más de 2 Billones de dólares al año en el mundo (E. Hoyt, 2005), son fertilizadoras de la red trófica marina e importantes reguladoras del aumento del efecto invernadero y, viven en los océanos hace más de 15 millones de años al menos. Éticamente tampoco es razonable cazarlas.

Dos especies insignias y emblemas de la conservación marina en el Atlántico sudoccidental así lo demuestran: la ballena jorobada o yubarta (humpback, Megaptera sp.) y la ballena franca austral (southern right whale, Eubalaena sp.). Ambas se están recuperando de la caza que casi las lleva a la extinción, gracias a los esfuerzos de organizaciones de la sociedad civil mancomunadas con los gobiernos para generar políticas públicas de Estado. Creando por ejemplo los Santuarios de Ballenas y Delfines en aguas jurisdiccionales de Brasil y Uruguay, además de Costa Rica, Panamá, Chile, República Dominicana y México. En ellos las ballenas consiguen procrear en paz sus hijos a los que amamantan y acompañan su crecimiento.

Los diversos estudios científicos llevados a cabo desde los años 90´ demuestran que a la fecha estas dos especies se vienen recuperando a buen ritmo. Una de ellas, la ballena Jorobada es la primera especie de ballenas que sale de peligro poblacional (2014) y se encuentra recuperada. Sin embargo, aunque esto es una gran noticia y pocos lo saben, no es muy conveniente promocionarla. Irónico. Hay países y sobretodo grandes capitales inversores dispuestos a su “explotación extractivista”, miope y demacrada, ambigua y violenta, de la era industrial.

La ballena franca del sur aún no ha logrado recuperarse, aunque es alentador su crecimiento (12% anual aproximadamente), su hermana gemela la ballena franca boreal está al borde de la extinción (en 40 años podría desaparecer) no ha logrado la paz para procrear en su territorio al Norte del atlántico (redes gigantescas que las atrapan accidentalmente, contaminación sonora, polución, entre otros).

11 países de Latinoamerica se reunieron para consensuar posiciones y coordinar su acción con miras a la 67ª Reunión Plenaria de la CBI que se está celebrando actualmente en Florianópolis, Brasil, así como para fortalecer la cooperación en materia de conservación de cetáceos en América Latina y el Caribe. La postura de estos países latinoamericanos es clara y contundente: la caza “sostenible” no es una opción, ni hay poblaciones “saludables” de ballenas ni la caza “científica” es necesaria. Y valen mucho más vivas para las economías locales y como servicio ecosistémico hoy más que nunca ante el avasallador cambio climático.

Reforzando esta posición consensuada, existen varias otras como la expresada en la Declaración de Florianópolis que espera en estos días su aprobación por la CBI. En ella se recalca entre otros, buscar mayor cooperación con otros acuerdos internacionales pertinentes, tales como la Convención sobre la Diversidad Biológica, las Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres y la Organización Mundial del Turismo para coordinar acciones para la apropiada ordenación y conservación de ballenas y la promoción de su uso sostenible no letal.

Rodrigo Garcia Pingaro

Rodrigo Garcia Pingaro

Geschäftsleiter Org. Para la Conservacion de Cetaceos, Urugay

Rodrigo Garcia Pingaro ist Geschäftsleiter der Org. Para la Conservacion de Cetaceos in Urugay und Teil der OceanCare-Delegation an der 67. Tagung der Internationalen Walfangkommission.